miércoles, 6 de noviembre de 2013

LA CAPACIDAD DE RESILIENCIA EN LAS ALTAS CAPACIDADES

El desarrollo emocional en las altas capacidades es un tema cada vez más tratado, tanto desde ámbitos académicos, como familiares y/o individuales.
Ya en una ocasión planteamos en otras entradas la necesidad de dotar de la importancia que se merece al desarrollo emocional, no se trata de resultar redundante.
La perspectiva que en esta ocasión vamos a plantear es la de la RESILIENCIA o capacidad de sobreponerse a las adversidades.... ¿somos más capaces de llevar a cabo dicha capacidad o por contra es una cuestión dependiente del ambiente de desarrollo?
Quizá el planteamiento fundamental radique una vez más en tratar de entender la raíz de lo que realmente supone tener altas capacidades: la potencialidad. Esto es lo que nos hace diferentes.
Si no existe potencialidad, no existe posibilidad (al menos de lograr un grado de habilidad aceptable desde la perspectiva de cada individuo).
Desde este punto de vista pues, podremos entender que podemos poseer mayor grado de potencial para sobreponerse a las adversidades, pero si no entrenamos (o nos ayudan a entrenar) dicha potencialidad, no tiene por qué llegar a desarrollarse de manera plena. En ese sentido, sería por tanto condición necesaria, aunque nunca suficiente.
Siempre podemos dejar abierta la puerta a la reflexión ante la siguiente pregunta: ¿CÓMO PODEMOS APROVECHAR DE MANERA INDIVIDUAL ESA POTENCIAL CAPACIDAD DE RESILIENCIA?

lunes, 4 de noviembre de 2013

LA RESPUESTA ANTE LA ADVERSIDAD

Una hija se quejaba constantemente a su padre acerca de cómo le iba la vida, de cómo las cosas le resultaban difíciles. No sabía como seguir adelante y estaba a punto de darse por vencida. Estaba cansada de luchar. Creía que cuando conseguía solucionar un problema, enseguida aparecía otro.

El padre, chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí, sin decir una palabra, llenó tres ollas con agua y las colocó al fuego hasta que el agua comenzó a hervir.

En una de las ollas colocó zanahorias, en otra colocó huevos, y en la última colocó granos de café.

Su hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre.

A los 20 minutos, el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un bol. Sacó los huevos y los colocó en otro bol. Y finalmente coló el café, y lo colocó en otro bol.

Se giró a su hija y le dijo: "Querida hija, ¿qué ves?"

"Zanahorias, huevos y café", respondió la hija.

El padre la hizo acercarse, y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas.

Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Al quitarle la cáscara, la hija encontró un huevo duro.

Después le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.

Un poco desorientada, la hija preguntó: "¿Qué significa esto, padre?"

Él entonces le explicó que los tres elementos se había enfrentando a la misma adversidad: el agua hirviendo, pero habían reaccionado de forma diferente.

La zanahoria había llegado al agua fuerte y dura, pero después de pasar por ella se había vuelto débil y fácil de deshacer.

El huevo había llegado frágil, con una cáscara fina que apenas le protegía el interior líquido. Pero después de estar en el agua hirviendo, su interior se había endurecido.

Los granos de café, sin embargo, eran únicos. Después de estar en el agua hirviendo, habían incluso cambiado ese agua.

"¿Cuál eres tú?", le preguntó a su hija; "cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes?

¿Eres zanahoria, huevo o café?

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