domingo, 14 de octubre de 2012

NECESIDADES ACADÉMICAS VS. NECESIDADES EMOCIONALES

Existe la tendencia a percibir cómo son los demás seres humanos de una manera un tanto distorsionada. Esa distorsión viene determinada en gran medida por toda una serie de sesgos de tipo cultural que, aunque en algún momento de nuestra vida nos hayan hecho expresar nuestro lado más rebelde, llega un momento en el que nos rendimos y acabamos asumiendo todas esas premisas (me atrevería a decir incluso que algunas anti-natura) como válidas.

Este hecho nos hace repetir el mismo error del que tanto nos hemos venido quejando a lo largo de una serie de años, especialmente en aquellos sobre los que recaía el peso de estos sesgos... cuando uno es niño (o no tan niño) tiende a pensar en la injusticia de tener que vivir bajo unas normas que no se ajustan a las necesidades reales, e incluso llega a jurar y perjurar que "eso jamás lo haré yo con mis hijos... cuando los tenga". Esa es una etapa de la vida que en ocasiones se tiende a tildar de egocentrista. El egoísmo del adolescente en nuestra cultura... así lo llamamos.
No estaría de más recordar no solo estas palabras sino también todos esos sentimientos que se tenían cuando uno crece en un ambiente (y no me refiero solo al familiar, de hecho, la mayoría de las veces no tiene que ver con la familia)...un ambiente que no se esfuerza por adaptarse a tus necesidades. No siempre la experiencia es un grado, especialmente cuando difuminamos de manera tan abrumadora nuestros sentimientos como parte de nuestra memoria. Y entramos en un círculo vicioso, una espiral en la cual, nuestras sociedades repiten una y otra vez los mismos errores.
Ya R.Sternberg, dentro de su Teoría Triárquica de la Inteligencia, entiende la capacidad intelectual como el arte de adaptación al medio. El individuo integrado en la sociedad. Pero en su definición de inteligencia contextual, no se queda ahí y habla también de la necesidad de adaptar el medio a las propias necesidades. Un suerte, por tanto de quid pro quo. Una mezcla en armonía entre el yo te doy y el tú me aportas....


¿Qué entendemos por "un@ niñ@ buen@"? ¿Acaso es quien toma decisiones, protesta contra las injusticias y realiza preguntas reiteradamente hasta hallar un sentido en las respuestas? Más bien se tiende a definir como "niñ@ buen@" a aquél o aquella que obedece, acata las normas con una sonrisa, no me da disgustos, saca buenas notas y ayuda a las personas adultas que le rodean.... en fin, o lo que es lo mismo, se tiende a considerar como niñ@ buen@ en realidad un niñ@ inexistente.
Cuando hablamos de altas capacidades, y olvidamos el aspecto emocional, caemos de nuevo en ese mismo sesgo: tendemos a hablar y trabajar sobre sus necesidades de tipo académico, interpretadas frecuentemente bajo el estigma del "démosles más", cuando en realidad lo que necesitan es "ofrezcámoselo mejor".
Y si es@ niñ@ se rebela a edades tempranas contra esta especie de anti-sistema, no es buen@ niñ@. Incluso le podemos colocar la etiqueta pertinente de TDAH, asperger o trastorno desafiante, y de esta forma ya se brinda la oportunidad de convertirlo en "buen@ niñ@", de llevarle por el redil.

Pero es que en la vida hay muy pocas cosas seguras acerca de las que poder realizar afirmaciones de manera taxativa y rotunda, salvo en una: es@ "buen@ niñ@" CRECE. Y llega un momento en que no basta la pastilla para concentrarse mejor o no es suficiente la terapia para ayudarles a relacionarse con los demás (sin considerar cómo se comportan los demás con él) y adaptarse a un mundo que está siendo injusto con él o con ella.

Es en ese preciso momento cuando nos percatamos que sus "necesidades" no eran exclusivamente académicas. En este punto, quisiera finalizar lanzando una pregunta: ¿qué pasaría si le hubiésemos preguntado acerca de qué es lo que considera "ser feliz"?

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