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miércoles, 25 de febrero de 2015

ALTAS CAPACIDADES E INTENSIDAD EMOCIONAL

Si algo no podemos obviar, es la intensidad emocional con la que se vivencia el mundo en las altas capacidades.
Dicha intensidad hace disfrutar de los aspectos positivos de la vida de una forma mucho más plena y placentera... hace que lo bueno sea muy bueno, muy positivo, muy placentero.
Aunque también es cierto que lo negativo puede llevar a ocasionar un dolor indescriptible. Y es que la tristeza ante las malas experiencias, que por otro lado son tan habituales como las positivas, hace que nos podamos sumir en una larga apatía y desinterés por todo aquello con lo que hemos estado disfrutando durante gran parte de nuestra vida.... exagerad@s, nos llaman quienes nos conocen.

No creo que la vida sea un camino de rosas, de la misma forma que tampoco considero que lo sea de espinas. Simplemente, mirado de la manera más objetiva posible, se trata de una senda cambiante, versátil en ocasiones, que nos proporciona sorpresas inesperadas, algunas buenas y otras no tanto.

Tampoco creo que la felicidad sea un estado perpetuo de alegría y ausente de malestar. Pienso que se disfruta mucho más en su búsqueda que en su hipotético encuentro.., y ante esto sí que es mucho más importante la actitud que mostremos ante esta senda vital y todo lo que pueda acaecer a lo largo de su tránsito.

En todo caso, en el momento en el que aparecen las espinas en el camino, debemos permitirnos el lujo de sentir el dolor. Y digo bien: "el lujo", porque en ocasiones preferimos optar por la huída en búsqueda de la tan ansiada felicidad, sin pararnos a sentir lo que es lógico sentir en ese momento: dolor.
Cuando nos detenemos en este sentimiento cuando las experiencias que estamos viviendo son percibidas como altamante negativas, es cuando acabamos poseyendo mayor capacidad de análisis y reflexión, de tal forma que poco a poco vamos desintegrando positivamente todas aquellas creencias que hasta ese entonces hemos estado manteniendo, y por cuyo motivo, hemos podido llegar a la situación de casi desesperación actual.
Lejos de hundirnos, las malas experiencias pueden suponer una balsa para acabar saliendo no sólo a flote, sino con una consistencia mucho más consolidada y férrea incluso.

Cuando escribo estas líneas, lo hago desde mi perspectiva personal... aunque he de reconocer que cuesta un poquito más cuando la perspectiva cambia hacia mi visión de madre: me apetecería quitarles el dolor, evitarles el sufrimiento, sentir su felicidad por encima de cualquier mala experiencia... pero también sé que eso no está en mi mano, y si lo estuviese, realmente tampoco sería algo que les sirviese para seguir creciendo en plenitud.

¿Qué debemos hacer entonces ante su sufrimiento? ¿Dejarles sol@s? ¿Esperar a que pase?
Tenemos una gran responsabilidad ante sus malas experiencias, y no es otra que la de ser su soporte, su apoyo, su hombro sobre el que llorar, su lucha, su dignidad,... la persona que les aportará todo el cariño que necesiten mientras pasan por ese proceso.
Si encuentran en nosotr@s, su FAMILIA, todo eso... no habrá malas experiencias en el mundo que puedan hundirles de manera definitiva, ni mucho menos. Saldrán reforzad@s y con mucha más confianza en sí mism@s... para ello.... debemos empezar por lo más importante: CONFIAR EN ELL@S.

jueves, 3 de abril de 2014

UN MAR DE DUDAS


Dicen que dudar es de sabios, pero ¿qué pasa cuando las dudas te las generan aquellos que no creen en ti o en los tuyos? ¿Cuándo esas dudas que no tenías, se hacen mayores que tus certezas? ¿Cuándo aquello que creías seguro y estable vuelve a tambalearse bajo tus pies? ¿Cuándo esas dudas te hacen retroceder y no puedes avanzar?¿Cuándo dudas de aquel a quien más quieres?

Dudar... No me gusta dejarme arrastrar por las dudas!

El peor momento por el que hasta ahora he pasado en estos años, fue aquel en el que las opiniones de las maestras de mi hijo me han hecho dudar de su valoración, de su capacidad y además dudar de mi misma. He peleado con uñas y dientes para dejar de dudar y para que ellas también aparcaran sus dudas y le aceptaran como es; creía haberlo conseguido. Sin embargo, de pronto y sin esperarlo me encuentro de nuevo en el punto de salida.

Mi primera reacción es de enfado. De enfado con el sistema, con l@s profesor@s, con la orientadora. Lo veo todo claro, voy a pelear porque esta situación no es justa, porque él se merece algo mejor, porque él tiene derecho. Después dudo... ¿tendrán razón? ¿estaré equivocada? ¿lo estaré haciendo bien? ¿le estaré perjudicando? ¿será mejor dejarlo estar? ¿realmente él es de AACC?...

Resulta frustrante, resulta descorazonador verte una y otra vez en el mismo lugar sin avanzar. Creo que así es como él se siente dentro del aula repitiendo los mismos contenidos una y otra vez. Al fin puedo comprender qué siente, puedo entender su mal humor, sus pocas ganas, su "conducta disrruptiva"...

Hay razones para tirar la toalla y darte por vencida, para dejarte llevar y no pensar más en ello y así al menos, cerrar un frente que te da verdaderos quebraderos de cabeza. Por otra parte, tengo una razón aún mayor para seguir adelante, para pelear, para no dejarme llevar... Sólo sé que quiero dejar de dudar.

Sonia, mi amiga y mi paño de lágrimas en este mundo de las AACC, me ha dicho que esto en psicología es algo así como la "Disonancia Cognitiva", que no es más que el proceso de conflicto cuando mantenemos dos creencias contrapuestas entre sí, porque tenemos argumentos a favor y en contra sobre aquello de lo que dudamos.

Yo lo veo como la típica pescadilla que se muerde la cola, ¿verdad? Haga lo que haga, decida lo que decida no sabré si será la decisión correcta hasta dentro de un tiempo, en el que me vuelvan hacer dudar... o no!

Si pudiera borrar las dudas en mí,
Si pudiera borrar el daño que sufrí,
Si pudiera olvidar aquello que viví...
Prometo ver la alegría, escarmentar de la experiencia, pero nunca, nunca más ....

Susana.

martes, 1 de abril de 2014

¿SUPERdotación O SUPERvivencia?

A lo largo de toda mi vida he percibido el término "superdotación" como algo ajeno, y ahora también me doy cuenta de que estaba cargado de ideas que no tenían nada que ver con la realidad.

En la adolescencia tuve en mi mano dos CI obtenidos en dos tests diferentes, ambos muy distintos, aunque con algo en común: pasaban ese supuesto punto de corte de 130. Sin embargo nadie me explicó nada, nadie me dijo lo que eso podía suponer en mi vida. Al fin y al cabo, hasta entonces, a pesar de mis buenas notas (que habían ido en descenso especialmente a lo largo de mi etapa de instituto) siempre había pasado desapercibida.

Y tuvo que ser cuando llegó la maternidad cuando empecé a darme cuenta a través de mi primer hijo que aunque sí que es verdad que un CI importa muy poco, porque para mí, él seguía siendo el mismo antes que después de que me dieran ese número, lo cierto es que había algo muy obvio: el niño era distinto. Ni mejor ni peor, pero sí diferente en su manera de entender la realidad, su emotividad, su preocupación por los demás.... en fin: distinto.
Su precocidad en ciertas áreas no me habían llamado la atención más allá de mi "orgullo de madre",  probablemente porque yo también había sido así. Esa era nuestra normalidad.

Ahora bien ¿en qué me siento diferente? Yo no creo que la inteligencia sea un patrimonio exclusivo de las altas capacidades. Constantemente percibimos muestras de ingenio y grandes ideas a nuestro alrededor, y no por ello tienen que haber surgido de una mente "superdotada" (término que entrecomillo porque sigue sin parecerme el más acertado). Y constantemente hay creatividad a nuestro alrededor, especialmente en la infancia... ¿qué es lo que hace por tanto que me sienta diferente?

Quizá en la forma en la que percibo el mundo, en la necesidad de no conformarme con la primera explicación a cualquier fenómeno e intentar ir siempre más allá hasta que pueda llegar por mí misma a una respuesta (aunque sinceramente, de manera más habitual se generan muchas más preguntas).

Quizá en la forma en la que no tolero las injusticias, las faltas de respeto, la prepotencia, la ausencia de solidaridad, de humanidad, de afecto, de empatía...

Quizá en la manera en la que he aprendido a vislumbrar que existen numerosas "normas sociales" que van contra natura, lo cual hace que nos sintamos encerrados en una cárcel creada por otras personas "por nuestro bien" ¿¿???

Y también quizá por la forma en la que disfruto de las cosas realmente importantes de mi vida, cosas que en ocasiones se denominan "pequeñas", pero en realidad son lo más grande.... nuestra familia, nuestra salud, la naturaleza, la amistad... el día a día, lo cotidiano.

O quizá por la manera en la que he aprendido a desarrollar una capacidad de avanzar por la vida más allá de los problemas (que en demasiadas ocasiones han sido muy grandes y dolorosos), entendiendo que esto ha tenido que ser así para poder haberme construido en la persona que hoy soy.

Quizá por mi intento por superar también mis propias imperfecciones o defectos, que soy consciente de que son muchos, aunque procuro percibir no desde una persepctiva de autocompasión, sino afrontar desde la autocrítica.

...y de manera especial.... quizá porque he aprendido que puedo llegar a apreciar lo bello de la vida con mucha más intensidad que muchas personas que me rodean.

Por eso si existe un "super" que puede añadirse, no es otro más que a la vida: SUPERvivencia.

Sonia

lunes, 31 de marzo de 2014

CUANDO LAS REGLAS TE LIMITAN Y LA RELACIÓN ESTÁ DESAJUSTADA

La inteligencia siempre está presente, es algo que ni se cura, ni se pierde, como mucho, ¡se estropea si no la mimas un poco!
Lo que más me atrae de la inteligencia es que no se sabe inteligencia, me explico, al ser algo que llevas puesto, ni te pesa, ni te estorba, ni te enteras. Hasta que por circunstancias te tienes que relacionar con alguien que no la tiene, y aun así tú sigues sin enterarte que la tienes, no entiendes por qué el otro no es como tú. Ahí vienen los vacíos y los desencuentros, las ausencias, las incomprensiones, las admiraciones, las faltas de respeto o las muestras excesivas de amor….”quiero lo que tú tienes”…. en definitiva, el desajuste de la relación.
Y empieza lo absurdo de la situación. El inteligente se desvive por aquel que no la tiene….. “Ven a conocer la luz”….en su inconsciencia piensa.
Aceptemos que todas las personas tienen su ritmo, su propio ritmo. No sé cuál es la fórmula idónea, si ayudar, no ayudar, ocultarse, no ocultarse, tirarse a la piscina o no tirarse. Vivimos en sociedad, es cierto, convivimos con mucha gente, unos nos entienden, otros no. Y de eso se trata, que a veces somos entendidos y otras veces no lo somos, con lo cual, me inclino por no entrar en dramatismos ni en generalizaciones y simplemente enfocarnos en los resultados. ¿Qué quieres hacer con tu vida?, ¿Qué deseas conseguir que te haga feliz?, ¿Qué buscas en esa relación que estas manteniendo?.
Cuestionarnos a nosotros mismos es lo más inteligente que podemos hacer, revisarnos a nosotros, enfocarnos y pasar a la acción. Igual descubres que con esas personas con las que ahora estas resentido porque no te entendieron, simplemente, sucedía que tú no eras feliz con ellos, lo has intentado, y no sucedió. No hubo química. Pues pasa página y a seguir escribiendo, a seguir escribiendo tu propia vida.
Es una lección que cuanto antes la aprendamos, y antes la enseñemos a quienes están a nuestro cargo, menos frustraciones sufriremos.
¿Por qué sentirse mal cuando un niño AACC no lo ves jugando con los demás niños?. Y nuevamente lo absurdo se hace presente, sufrimos por verle así, cuando igual él es realmente lo que quiere. ¿Cuántos de vosotros en esa situación le habéis preguntado cómo te sientes?, ¿Cómo te hace sentir ser apartado del resto?, ¿es realmente lo que quieres?, y si obtenemos respuestas negativas, ¿Qué puedes hacer para cambiar la situación?.
Con una conversación así ¿a quién estás realmente ayudando?.... al niño, ya que te estás enfocando en los sentimientos del niño, no en tu propio sentimiento.
Enseñarles a vivir desde ellos mismos, a tomar sus propias decisiones, a dejar estereotipos de una sociedad con la que no comparten valores. Enseñarles a construir sus propias reglas y ser fieles así mismo. Enseñarles a ser y sobre todo, dejarles ser.






martes, 25 de marzo de 2014

MI LLEGADA AL MUNDO FUE ASÍ...


He llegado al mundo de las Altas Capacidades a través de mi hijo de 9 años. Un mundo lleno de sorpresas, de altibajos, de grandes emociones y también de grandes decepciones.
La primera sorpresa fue su descubrimiento, porque por mucho que veas que él es distinto no llegas a ver la profundidad de esa diferencia. Te emocionas al pensar lo maravilloso que puede llegar a ser tener tantas oportunidades a su alcance y de pronto comienzan los altibajos emocionales ya que empiezan los miedos y las dudas -las tuyas y las suyas-. Después llegan las decepciones al ver cómo quienes le rodean no creen en él, hacen absurdas comparaciones y se empeñan en no querer ver más allá, en no aprender con él y sobre todo en no entender su "diferencia". Y sufrimos todos.
Como madre me emociono con su grandeza emocional, me sorprende cómo puede transmitir con tanta pasión sus sentimientos y sus miedos. Me sorprende su capacidad de sorprender, ya que cuando menos te lo esperas hace o dice algo que te deja sin contestación. Me sorprende que sus reflexiones me hagan cuestionarlo todo, me sorprende que con él aprenda cada día algo nuevo. Mi hijo me emociona, me sorprende, pero sobre todo me motiva para seguir día a día emocionándome y sorprendiéndome con él. Es el motor de mi vida. Es la razón de mi lucha.
Como madre me decepciona que quienes le rodean no sean capaces de ver lo maravilloso que puede llegar a ser por el mero hecho de no querer. Así que cuando descubres la "diferencia" de tu hijo y te ves reflejada en él, a menudo te preguntas si alguna vez tú también fuiste como él. En mi caso he llegado a la conclusión de que no, nunca he sido como él y viendo la complejidad de su mundo, de todo lo que le rodea, en el fondo lo agradezco.
Como madre no me importa cuán inteligente pueda ser o dejar de ser, me importa que crezca sintiéndose comprendido y apoyado, me importa que por encima de su inteligencia o de su capacidad llegue a ser lo que desee ser, pero sobre todo que sea un NIÑO FELIZ ahora y ADULTO FELIZ después.


Susana.



martes, 18 de marzo de 2014

CÓMO ES VIVIR PERDIDO

Es difícil no saber cómo debes de ser, o cómo deberías de comportarte. Es difícil tener la sensación de que no encuentras un sitio en el que encajes, en el que estés realmente a gusto, en el que no tengas que callar tu opinión o dejar un tema a medias porque la gente a tu alrededor no ve la importancia que tu ves. Es difícil.

Es difícil no ver sentido a las cosas tontas que parece que le gustan a "tus amigos" y que para ellos sea su único tema de conversación.

Es difícil, supongo, no querer ver que eres un poco distinto, un poco más raro, un poco más callado. Un poco más friki.

Es difícil darse cuenta que llegas a un punto en el que pierdes la fe en el hombre.
Es difícil dejar escapar los sueños, darte cuenta que no merece la pena. ¿Para qué intentar algo? para que no lo agradezcan o no te valoren.
Es difícil soñar, más aún intentar no hacerlo.
Es difícil sentirte raro y no saber por qué.
Es difícil no entender por qué no te quiere el mundo.
El porqué no querer salir, hablar, vivir.
¿Para qué?
Es difícil encontrar un sentido a la vida, cuando no sabes por qué no estas a gusto con ella. Es difícil, lo sé.
Buscar esperanza sin más, resistir a ver si algo cambiará, si hoy será diferente, si hoy podré ser libre de poder decir lo que quiera, sin sentirme tan triste.
Nada es fácil supongo. No sé.
Estar perdido y no encontrar salida .
Perderse en las cosas pequeñas y no ser capaz de terminar lo que empiezas. No superar tus fallos y tener la sensación de que nadie te entienda.
Es difícil no saber aprender y que se empeñen en que sigas su camino, su método.
No entender el porqué no se puede hacer de otra manera.
Es difícil que te tachen de tonto, y aunque no lo digan, lo sientas.
Es difícil lo sé. Yo lo he sentido.
Es difícil pensar que no puedes hacerlo, que eso es para otros. Tú no llegas tan alto, seguir el camino que creen que tienes, no intentar demostrar que puedes llegar un poco mas alto.
¿Para qué? Total da igual. Si aunque lo logres será suerte, cualquier circunstancia menos por ti. Todo son fallos, errores, sinsabores.
Y serás criticado, ofendido, humillado, y total ¿para qué?.
Vale más esconderse, no sobresalir, callar, no destacar, no intentarlo, lo sé.
Total para qué.
Cerrarse al mundo. Crear barreras para que no sientas dolor, poner capas de falsedad, para que no te vean a ti.
Lo sé, lo he hecho.
Esconder la vergüenza, con humor payaso. Preferir que se rían de ti, que te dejen aislado, ser consciente de ello y aún así quedarse callado. No ser tú, al final, por temor a no ser aceptado.
Y aún así.
Ten paciencia, aunque parezca muy negro, aunque sufras callado, escondido, viviendo sin sentido .
Es posible hallar salida, la esperanza.
No es imposible encontrar el amor, alguien que te comprenda y no te trate distinto, alguien que apoya tus sueños y tú los suyos. Alguien con quien sentir al fin , que cuando estáis juntos ,no os veis tan raros, todo fluye de manera natural y mientras estáis juntos el mundo no importa. Y aunque sigas sintiéndote raro, ya no es importante, mientras tengas apoyo que te ayude a superarte. Ser tú mismo.
Y no es hasta que tienes un hijo que es diferente. El que encuentras tu sitio.
Por cómo devora el mundo, por su energía incansable, sus preguntas eternas, inquietas, sin final, por su sensibilidad por el mundo. Su mirada.
Por todas sus cosas.
Cuando al fin encuentras respuestas. Las suyas, las tuyas. La de somos iguales.
¡No lo ves si es tan claro! Cómo va a ser el AC, si es igual al padre. Cómo es posible si el padre es tonto, o raro o diferente o especial.
Y ahora todo encaja, lo ves. Aunque no te lo creas. Poco a poco cala en el fondo de ti. Y al fin comprendes el camino.
Ahora al fin tienes un punto para partir .Conocerte a ti. Solo a ti. Y poner nombre a la vida que antes no podías explicar, que no tenían sentido. El porqué te sentías tan raro. Diferente.
Claro que sí.
Da miedo el viaje. Pero es necesario.
Da mucho miedo. Pero es precioso .
Da miedo confiar en ti cuando nunca pudiste, nunca te viste con fuerzas. Nadie vio en ti tu lado escondido. Pero ahora puedes al fin. Debes hacerlo.

Ahora para ayudar a tu hijo. Primero tendrás que superarte, para ser tú el ejemplo, que es posible.
Que puedes controlar tu destino, tus impulsos, tus enfados, superar el miedo, mostrarte al mundo, sonreír, dejar de estar escondido.
Es difícil. Lo sé.
Que tus miedos no son los suyos, que lo que tú sufriste no tiene por qué revivirlo. No tendrá que seguir tu camino.
Y él tiene ventaja. Sabes el por qué es diferente y te tiene a ti para apoyarse.
No pasará lo que tú pasaste.
Ahora comienza el viaje, el de los dos.


Y eso es el principio.

lunes, 3 de marzo de 2014

MI MÁSCARA

Permitidme, por favor, quitarme esta tarde la máscara... necesito hablar, necesito sentir con la esperanza de dejar de sufrir... por lo menos sincerándome...


Con catorce años, cuando la orientadora de mi centro escolar, estableció mi capacidad intelectual muy superior a la normal... entendí que eso debía ser lo que hacía que yo fuese tan rara.


Y digo rara porque cuando en el parvulario con cuatro años comenzaban con las letras, yo ya asistía por las tardes a la Academia Álvarez, en Teatinos, Oviedo, donde me ponían ejercicios de multiplicaciones y divisiones... Pero... en la clase de parvulitos yo era la primera en aprender la letra "a"... comencé a ocultarme...


¿No percibió mi maestra de párvulos nada raro en mi?... Quizás ya llevaba mi máscara puesta.


A medida que fui creciendo, la máscara seguía acompañándome... gran aliada para evitar que me señalasen con el dedo... pero me sentía tan criticada que a los ocho años mis padres me cambiaron de centro escolar... 
¡Qué buena noticia!... gente nueva, desconocida...


En la universidad sentía vergüenza... todos tenían problemas con el cálculo, con álgebra... y yo no... Me atraía la física cuántica... y no lo podía comentar para que no me aislaran...


A pesar de llevar la máscara encima, de haber adoptado un aspecto físico tan grotesco, la panky me llamaban (hoy en día hubiera sido bautizada con gótica más bien), mis resultados académicos me delataban.... 


He sentido vergüenza por recibir premios por mi expediente académico, por recibir una beca para trabajar en el departamento de energía de la Universidad de Oviedo, vergüenza por haber sido contratada como inspectora en el Ministerio de Medio Ambiente... por haber sido seleccionada como persona con talento por una multinacional americana... vergüenza... es lo que sentía y siento...


Actualmente sigo con mi máscara, no quiero ser discriminada en mi centro laboral... por mi familia... y por mis pocos amigos...


Sin la máscara soy demasiado vulnerable, demasiada recepción sentimental de mi entorno... por eso me ayuda a renegar a los sentimientos, a evitar sentir para no ser dañada... no quiero sentir para no sufrir... y no quiero que se me vea...


Me pregunto qué vida es mi vida, ¿es mi vida o es la vida de mi máscara?... porque ... ¿quién soy yo?


No me encuentro... me siento sola... estoy sufriendo... ¿por qué no me protege mi máscara?

- ANÓNIMO -

miércoles, 26 de febrero de 2014

EN LA SENDA DE LA CONCIENCIA


En mi caso, no diagnosticado, sigo sin reconocerme como AACC, aunque amigos y conocidos no han dejado de señalarme con el dedo. No es mi voluntad tener un diagnóstico, mientras no haga falta, sí es mi intención llegar algún día a conocerme, sobre todo por tener personitas a quien mucho quiero, diagnosticadas. Si con esto podemos hacer la vida un poco mas fácil a las AACC, bienvenida sea esta iniciativa.

El rasgo que ahora mismo recuerdo, es el poder leer fácilmente las emociones de los demás, la capacidad de empatía y comunicación es sorprendente en una AACC. No es fácil vivir con un don así, nadie puede entender que se pueda sentir el dolor y la alegría ajenos como nuestros, y por esto sigo pensando que uno de los pilares de la educación para las AACC es una educación en valores y en gestión emocional, por que cuando tienes la capacidad de comprender y entender lo que otras personas sienten y piensan, es una información que hay que estar educados para poder hacer algo positivo y constructivo con ello.

También entiendo que es muy difícil inculcar valores cuando el educando está en entornos donde por desgracia no se respeta su diferencia, y en ocasiones se sienten humillados e incomprendidos. ¿Cómo hacer para que esto no suceda?..... de la misma forma que hay que hacer que no suceda simplemente para nadie, aprendiendo a respetar.

Esta clase de empatía es muy dura para alguien que ha nacido en entornos difíciles. La expectativas que se forjan sobre una AACC que sea realmente empática son fuente de conflictos, cada fallo o error cometido por una AACC que se viva como un fracaso será leída y sentida como tal, de aquí la tendencia a la frustración tras leer en los rostros de los educadores esos pensamientos.

Animo realmente a que les dejemos escoger su camino, escoger sus metas, y que estas sean realmente elegidas y no impuestas. Si no hay disfrute no hay avance. Con presión solo se consigue estancamientos. La tensión habrá de ser elegida, nunca impuesta.

Es esta hipersensibilidad la que nos hace un día estar plenos de energía y otros días apagados, no es algo que podamos controlar, es algo que tenemos que aprender a identificar y gestionar, enseñarles a cuidar de ellos mismos, a reconocer cuando y por que les pasa esto, le ayudara a tomar decisiones mas conscientes en todos los ámbitos de su vida, personal, laboral y social, es lo que considero realmente importante. El éxito de una AACC estará aquí, en su inteligencia emocional.

Todo es conciencia. No hay ninguna traba en una AACC que no se pueda superar desde la comprensión. Para comprender seamos valientes y atrevámonos a mirar, mirar hacia dentro, para aprender a gestionarnos y a sacarnos el partido que deseemos, y mirar hacia fuera para entender las limitaciones que tienen los demás en que nos acepten, sus miedos son eso, miedos, nuestra tarea será aprender el modo en que tenemos que lidiar con esos miedos, y aceptar la realidad tal cual es, antes de pretender influir en cualquier cambio.

Os animo a soltar frustraciones, a elegir el camino, y a disfrutar de él.

Ana Celada.

martes, 11 de febrero de 2014

MI VIDA Y LAS ALTAS CAPACIDADES


¡Qué contaros acerca de este tema! …tantas y tantas cosas, toda mi vida ha estado marcada por ese algo diferente que nadie comprendía. ¿Angelical o diabólico? ¿Don o condena? Blanco, negro, fuerza, debilidad, pasión, desesperación…Un mundo de extremos y contrastes, donde el corazón no puede seguir al intelecto, donde las emociones y la impotencia te desbordan ya que puedes trazar el camino en tu mente, pero tu cuerpo no te sigue… Un mundo de… ¿Locura?
Así lo he percibido durante muchos años.
Ya en la escuela era una niña líder, me encantaba aprender, tan sólo con escuchar y hacer los deberes sacaba todo 10, me llevaba bien con los niños y las niñas:  me seguían. Recurrían a mi como la que siempre tenía la solución, la que sabía la respuesta a cómo actuar en cada situación. Pero un día todo esto cambió, mi perfeccionismo y ansias de control, unido a una situación familiar conflictiva, me derrumbaron y empecé a tener problemas con la comida. Tal y como vemos en la naturaleza, el líder no puede fallar, no puede bajar la guardia porque o muere o lo destierran. Y así fue. El rechazo y burlas de los compañeros fueron mi destierro y mi herida, que permanecería cómo una cicatriz imborrable en mi corazón, fue, metafóricamente, mi muerte.
Me pasé al lado de los malos, de los gamberros, dejando de lado unas maravillosas amistades que me aseguraban una buena conducta y una vida “normal”, siguiendo lo que marca la sociedad. Hoy en día, he visto a esas chicas y os aseguro que es así, y no lo digo desde la crítica; los años me han enseñado que cada uno vive cómo quiere vivir, y si así se es feliz, pues adelante.
Empecé a dejar de sentir, no podía con tanta falta de humanidad, no comprendía por qué el mundo era así. Jamás toleré ni toleraré las injusticias; me matan.
Me volqué en las drogas y llegué muy, muy hondo, más de 10 años luchando para salir de ellas. Gracias a mi capacidad, mi persistencia y mi adorable familia que me ama con locura, pude ir a la universidad, pero no sirvió de mucho en lo relativo a los estudios y los resultados.
Durante ese período, me matriculé en 3 carreras diferentes, una tras otra… pero no podía con mi alma. Ingenierías, psicología… ¿qué más daba cuando estás perdido, cuando no saber quién eres ni qué quieres realmente? Una cosa sí sabía, quería cordura, quería equilibrio y paz. Quería que mi cabeza, en lugar de analizar constantemente lo exterior, se centrara en lo que había dentro, en ponerle nombre, en reconocer mis emociones y gestionarlas para vivir. Quería sentirme parte del mundo, de esta loca sociedad. Y creedme, la persecución del reconocimiento y aprobación exteriores no cesa nunca por qué no hay individuo igual que otro, cada uno tiene su propia película y percepción de la realidad. Puedes encontrar personas afines, pero nadie es igual que tú y como quieras gustarles a todos vas muy mal. La seguridad no se encuentra en lo que los demás te digan, ni en lo mucho o poco que encajes, sino en el grado de autoconocimiento que adquieres y en la sencillez.
El ser humano tiene de todo y digo de todo. Todos somos malos y buenos. Tan sólo depende de qué parte decidas usar y de tu ética personal y valores. Todo es relativo amigos, el bien y el mal son construcciones sociales. Pero podemos llegar a ser tan tontos e ignorantes, que absorbemos todo y creemos al primero de turno que nos dice que “eso es así”.
Consumismo, política corrupta, sexo, violencia…se nos vende esta idea de placer y sensaciones cómo la felicidad, cuando en realidad lo único que interesa es dejar a las personas sin alma, conseguir caja vacías para manipular y dirigir a su antojo.
Así que, nuevamente, quise romper con todo. Empecé a practicar yoga y meditación. Me saqué el título de profesora y me fui a vivir a la India. Sí, lo típico de encontrarte a ti mismo. Pues os diré otra cosita: en 3 años intensos, viviendo en la pobreza y escasez de recursos con una familia nativa de allí, sólo vi más de lo mismo. Ansias de poder, falta de humildad, frustración continua por no tener… solemos querer lo que no tenemos y eso no es diferente en el país de la espiritualidad. Es en los mismos templos que se hacen llamar sagrados que hay más discriminación y machismo que en cualquier otro lugar, aunque si vas de turista no te mostrarán esa cara porque les interesa tu dinero. Por otro lado, no les culpo, se trata de supervivencia y llevan la manipulación en los genes. Un turbante blanco no te hace santo ni maestro. La santidad y pureza residen en la ausencia de identificación con el pensamiento y en el dejarte vivir, en la sutileza del sentir, en exponerte en carne viva sin miedo. La vida no va separada del sufrimiento sino que va intrínseco en ella. Son uno, una unidad, son el ying y el yang. Cuándo comprendemos eso, sufrimos menos y empezamos a plantearnos: ¿cómo quiero ver el mundo? ¿Y a las personas? Porque todo depende del prisma con el que filtras tu realidad. Si decides aceptar, avanzas. Si no, te pudres cómo el agua del río que se estanca. El pensamiento no es más que otro sentido con el que hemos sido dotados, al igual que el olfato, el gusto, el oído o el tacto. Es una herramienta más, no una máquina de complicar las cosas que en lugar de encontrar respuestas, crea más ilusión, mentiras y problemas.
¿Qué es real y qué es una ilusión? Lo real es lo que percibes en el momento, las sensaciones… segundo a segundo, fluidamente, sin filtrarlas con tu memoria o proyección de futuro, sin miedo, sin ansiedad. Es la inteligencia con las que nos ha dotado el universo, todo lo que realmente necesitamos. Esto está presente en la naturaleza, su estructura, su equilibrio, su imperfecta perfección. Una ameba tiene su función y no puede plantearse otra cosa. El ser humano difiere en la voluntad y en su amplio abanico de opciones. Como decía… se trata de quién quieres ser y de la vida que quieres vivir. No te compliques.
Este tema se complica con las altas capacidades. Nuestra forma de ver las cosas es compleja. Vemos en una gota de agua su estructura molecular y sentimos su frescura. Vemos en una persona todo su mundo, su pasado, su dolor, su alegría, sus miedos. Leemos sus gestos, no se nos suele engañar. Apaciguar tanta información es muy complicado. Nuestros rasgos, muchas veces obsesivos y nuestra personalidad soñadora, creativa, que se ve impulsada por un enorme deseo de aportar y cambiar el mundo… pero cambiar ¿el qué? ¿Hay que cambiar el mundo o ser el cambio que quieres ver en él? ¿Se trata de construir enormes edificios o de aprender a poner una piedra dando lo máximo de nosotros? Y es que no nos enseñan que la mayor satisfacción es la que surge tras el esfuerzo, la paciencia, la constancia y la comprensión.
¿No os dais cuenta que tenemos la suerte de ver el mundo en una flor y rozar el éxtasis con una caricia? ¿Que también nos podemos nutrir con la mirada de felicidad ajena? ¿Qué no necesitamos que nadie nos diga cómo vivir, qué sentir, ni ser felices porqué todo está en nosotros? La misma vulnerabilidad e inseguridad, contiene fuerza y liderazgo, contiene inspiración por sí misma.
¿Diabólico o divino? Autodestrucción o rendición a lo que es. Es justo nuestra capacidad para discernir la que nos permite diferenciar el engaño y la verdad. ¡Usadla! El mundo necesita un cambio y debe ser desde dentro. No es necesaria la avaricia de cambiar grandes masas, no…El verdadero líder es líder de sí mismo y se ocupa de su pequeño entorno. Las energías van de dentro hacia fuera, y la sinergia de ocupa de lo demás.
Con el tiempo, he ido encontrando otras personas parecidas a mí, cosa que me ha ayudado muchísimo al poder compartir mi mundo y encontrar respeto y comprensión ajenos. No digo que no sea necesario ya que las personas tenemos el anhelo de pertenecer, tan sólo digo que ese anhelo se pueda ver cumplido de diferentes formas. La meditación ha sido y es indispensable en mi proceso. Te permite ver las cosas con perspectiva y darte cuenta de que una vida intensa en los hechos y en el sentir, no es más que un seguido de oportunidades para crecer. Tú eres el alumno y la vida es el maestro.

Laura Vegara
Martes, 10 de febrero de 2014