martes, 11 de febrero de 2014

MI VIDA Y LAS ALTAS CAPACIDADES


¡Qué contaros acerca de este tema! …tantas y tantas cosas, toda mi vida ha estado marcada por ese algo diferente que nadie comprendía. ¿Angelical o diabólico? ¿Don o condena? Blanco, negro, fuerza, debilidad, pasión, desesperación…Un mundo de extremos y contrastes, donde el corazón no puede seguir al intelecto, donde las emociones y la impotencia te desbordan ya que puedes trazar el camino en tu mente, pero tu cuerpo no te sigue… Un mundo de… ¿Locura?
Así lo he percibido durante muchos años.
Ya en la escuela era una niña líder, me encantaba aprender, tan sólo con escuchar y hacer los deberes sacaba todo 10, me llevaba bien con los niños y las niñas:  me seguían. Recurrían a mi como la que siempre tenía la solución, la que sabía la respuesta a cómo actuar en cada situación. Pero un día todo esto cambió, mi perfeccionismo y ansias de control, unido a una situación familiar conflictiva, me derrumbaron y empecé a tener problemas con la comida. Tal y como vemos en la naturaleza, el líder no puede fallar, no puede bajar la guardia porque o muere o lo destierran. Y así fue. El rechazo y burlas de los compañeros fueron mi destierro y mi herida, que permanecería cómo una cicatriz imborrable en mi corazón, fue, metafóricamente, mi muerte.
Me pasé al lado de los malos, de los gamberros, dejando de lado unas maravillosas amistades que me aseguraban una buena conducta y una vida “normal”, siguiendo lo que marca la sociedad. Hoy en día, he visto a esas chicas y os aseguro que es así, y no lo digo desde la crítica; los años me han enseñado que cada uno vive cómo quiere vivir, y si así se es feliz, pues adelante.
Empecé a dejar de sentir, no podía con tanta falta de humanidad, no comprendía por qué el mundo era así. Jamás toleré ni toleraré las injusticias; me matan.
Me volqué en las drogas y llegué muy, muy hondo, más de 10 años luchando para salir de ellas. Gracias a mi capacidad, mi persistencia y mi adorable familia que me ama con locura, pude ir a la universidad, pero no sirvió de mucho en lo relativo a los estudios y los resultados.
Durante ese período, me matriculé en 3 carreras diferentes, una tras otra… pero no podía con mi alma. Ingenierías, psicología… ¿qué más daba cuando estás perdido, cuando no saber quién eres ni qué quieres realmente? Una cosa sí sabía, quería cordura, quería equilibrio y paz. Quería que mi cabeza, en lugar de analizar constantemente lo exterior, se centrara en lo que había dentro, en ponerle nombre, en reconocer mis emociones y gestionarlas para vivir. Quería sentirme parte del mundo, de esta loca sociedad. Y creedme, la persecución del reconocimiento y aprobación exteriores no cesa nunca por qué no hay individuo igual que otro, cada uno tiene su propia película y percepción de la realidad. Puedes encontrar personas afines, pero nadie es igual que tú y como quieras gustarles a todos vas muy mal. La seguridad no se encuentra en lo que los demás te digan, ni en lo mucho o poco que encajes, sino en el grado de autoconocimiento que adquieres y en la sencillez.
El ser humano tiene de todo y digo de todo. Todos somos malos y buenos. Tan sólo depende de qué parte decidas usar y de tu ética personal y valores. Todo es relativo amigos, el bien y el mal son construcciones sociales. Pero podemos llegar a ser tan tontos e ignorantes, que absorbemos todo y creemos al primero de turno que nos dice que “eso es así”.
Consumismo, política corrupta, sexo, violencia…se nos vende esta idea de placer y sensaciones cómo la felicidad, cuando en realidad lo único que interesa es dejar a las personas sin alma, conseguir caja vacías para manipular y dirigir a su antojo.
Así que, nuevamente, quise romper con todo. Empecé a practicar yoga y meditación. Me saqué el título de profesora y me fui a vivir a la India. Sí, lo típico de encontrarte a ti mismo. Pues os diré otra cosita: en 3 años intensos, viviendo en la pobreza y escasez de recursos con una familia nativa de allí, sólo vi más de lo mismo. Ansias de poder, falta de humildad, frustración continua por no tener… solemos querer lo que no tenemos y eso no es diferente en el país de la espiritualidad. Es en los mismos templos que se hacen llamar sagrados que hay más discriminación y machismo que en cualquier otro lugar, aunque si vas de turista no te mostrarán esa cara porque les interesa tu dinero. Por otro lado, no les culpo, se trata de supervivencia y llevan la manipulación en los genes. Un turbante blanco no te hace santo ni maestro. La santidad y pureza residen en la ausencia de identificación con el pensamiento y en el dejarte vivir, en la sutileza del sentir, en exponerte en carne viva sin miedo. La vida no va separada del sufrimiento sino que va intrínseco en ella. Son uno, una unidad, son el ying y el yang. Cuándo comprendemos eso, sufrimos menos y empezamos a plantearnos: ¿cómo quiero ver el mundo? ¿Y a las personas? Porque todo depende del prisma con el que filtras tu realidad. Si decides aceptar, avanzas. Si no, te pudres cómo el agua del río que se estanca. El pensamiento no es más que otro sentido con el que hemos sido dotados, al igual que el olfato, el gusto, el oído o el tacto. Es una herramienta más, no una máquina de complicar las cosas que en lugar de encontrar respuestas, crea más ilusión, mentiras y problemas.
¿Qué es real y qué es una ilusión? Lo real es lo que percibes en el momento, las sensaciones… segundo a segundo, fluidamente, sin filtrarlas con tu memoria o proyección de futuro, sin miedo, sin ansiedad. Es la inteligencia con las que nos ha dotado el universo, todo lo que realmente necesitamos. Esto está presente en la naturaleza, su estructura, su equilibrio, su imperfecta perfección. Una ameba tiene su función y no puede plantearse otra cosa. El ser humano difiere en la voluntad y en su amplio abanico de opciones. Como decía… se trata de quién quieres ser y de la vida que quieres vivir. No te compliques.
Este tema se complica con las altas capacidades. Nuestra forma de ver las cosas es compleja. Vemos en una gota de agua su estructura molecular y sentimos su frescura. Vemos en una persona todo su mundo, su pasado, su dolor, su alegría, sus miedos. Leemos sus gestos, no se nos suele engañar. Apaciguar tanta información es muy complicado. Nuestros rasgos, muchas veces obsesivos y nuestra personalidad soñadora, creativa, que se ve impulsada por un enorme deseo de aportar y cambiar el mundo… pero cambiar ¿el qué? ¿Hay que cambiar el mundo o ser el cambio que quieres ver en él? ¿Se trata de construir enormes edificios o de aprender a poner una piedra dando lo máximo de nosotros? Y es que no nos enseñan que la mayor satisfacción es la que surge tras el esfuerzo, la paciencia, la constancia y la comprensión.
¿No os dais cuenta que tenemos la suerte de ver el mundo en una flor y rozar el éxtasis con una caricia? ¿Que también nos podemos nutrir con la mirada de felicidad ajena? ¿Qué no necesitamos que nadie nos diga cómo vivir, qué sentir, ni ser felices porqué todo está en nosotros? La misma vulnerabilidad e inseguridad, contiene fuerza y liderazgo, contiene inspiración por sí misma.
¿Diabólico o divino? Autodestrucción o rendición a lo que es. Es justo nuestra capacidad para discernir la que nos permite diferenciar el engaño y la verdad. ¡Usadla! El mundo necesita un cambio y debe ser desde dentro. No es necesaria la avaricia de cambiar grandes masas, no…El verdadero líder es líder de sí mismo y se ocupa de su pequeño entorno. Las energías van de dentro hacia fuera, y la sinergia de ocupa de lo demás.
Con el tiempo, he ido encontrando otras personas parecidas a mí, cosa que me ha ayudado muchísimo al poder compartir mi mundo y encontrar respeto y comprensión ajenos. No digo que no sea necesario ya que las personas tenemos el anhelo de pertenecer, tan sólo digo que ese anhelo se pueda ver cumplido de diferentes formas. La meditación ha sido y es indispensable en mi proceso. Te permite ver las cosas con perspectiva y darte cuenta de que una vida intensa en los hechos y en el sentir, no es más que un seguido de oportunidades para crecer. Tú eres el alumno y la vida es el maestro.

Laura Vegara
Martes, 10 de febrero de 2014

1 comentario:

  1. Hola Laura. ¡Enhorabuena de verdad!. Desde hace mucho tiempo me digo que sentirme a gusto conmigo misma y "orgullosa" de llegar a ser como y quién soy es lo mejor que me ha podido pasar ... y que hay muchas formas de llegar a ese estado, no siempre de la forma en que hubieras deseado, pero lo importante es que has llegado porque a partir de ahí siempre puedes encontrar la forma de "catapultarte" a otro fin.

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