martes, 14 de agosto de 2012

SOMOS DE CARNE Y HUESO...

Cuando llega un momento determinado en el que se habla de algún tema concreto con mayor asiduidad de lo que antes se hacía, se tiende a pensar (por otro lado, erróneamente) que acaba de surgir una nueva moda. Como si en épocas pasadas, este tema no fuera importante o ni si quiera existiera. Y una cosa es bien cierta, recordemos: "aquello de lo que no se habla, simplemente no existe". O al menos no existe para la "mayoría".
Recuerdo cuando al acoso escolar se le acuñó el nombre de bullying. Fue posteriormente al desgraciado suceso del suicidio de Jokin, un adolescente en Hondarribia, a raíz del acoso que en repetidas ocasiones venía recibiendo por parte de sus "compañeros" de clase.... y lo que me parece aún más grave: el desinterés y ausencia de implicación por parte de la comunidad escolar. De pronto, se empezó a hablar en los medios, se vendían libros de expertos que trataban del tema y la sociedad empezó a hacerse eco de un problema que de moderno tiene muy poco: siempre han existido los abusones, los acosadores.... y pocas veces se les ha hecho frente con los medios con los que ha de hacerse, es decir, tanto desde las familias (normalmente sólo se implican las de las víctimas, no tanto las de los acosadores), como de la institución escolar.
¿Qué está sucediendo, pues, con el tema de las Altas Capacidades Intelectuales? Cuando aparecen en las noticias, creo no equivocarme si me aventuro a calcular que entorno al 90% de los titulares van acompañados de palabras que intentar inspirar lástima "el drama de ser el más listo", "no se relacionan porque no encajan en su grupo de iguales", y el más repetido: "el fracaso escolar de los superdotados". A una le da la sensación de que para que se hable del tema ha de existir algún  tinte dramático de fondo al que no se le busca explicación, ni por supuesto solución, porque de lo contrario no tiene objeto la noticia. Son titulares escritos sin criterio, sin emociones.
O quizá deberíamos empezar a llamarlo ""High Abilities"... seguro que si acuñamos un término en inglés, despierta mayor interés...

Aún así, yo sigo en mis trece. Prefiero atender a palabras que se desarrollen con criterio:

Somos de carne y hueso.
No somos extraterrestres ni nada por el estilo.
Aunque casi con toda probabilidad, si estás leyendo esto, es porque alguna vez te habrán hecho sentir así.
¿Te preguntas si eres o no superdotado? Pues... ¡a quién le importa eso!

¿Sorprendido? Verás, "oficialmente" eres superdotado si tu C.I. (cociente de inteligencia) es superior a 130. A nosotros no nos interesa el numerito, sino la muy probable carga de malestar que, eso sí, podría estar tras él. Un superdotado no es una persona que habla nueve idiomas, que estudia cuatro carreras, y que toca además catorce instrumentos (ni falta que hace tampoco). Un superdotado es un ser humano implicado por sus características propias en una situación difícil y que, lamentablemente, puede por ello llegar a alcanzar un sufrimiento dolorosamente profundo.
¿Por qué? Porque a nadie le agrada no ser comprendido y sentirse por tanto, rechazado.

¿Sabes cuándo algo es considerado normal? Cuando la mayoría lo asume así. Pero... ¿Qué ocurre cuando alguien puede contemplar cada situación desde un punto de vista un poco más peculiar?
Ocurre que puede cuestionar. Y si puedes cuestionar lo asumido, entonces puedes dejarlo atrás. Y si puedes dejar atrás lo considerado normal, entonces tú mismo dejas de serlo.
Eres un ser, pero te tratan como a una entidad a-normal. Seguramente tú puedes hacer lo que otros no pueden, y ésa es una situación muy delicada. La otra cara de la moneda es que a lo mejor tú no puedes hacer lo que ellos sí pueden, y ésa es también una situación muy delicada, porque se ha de vivir en el mundo. La diferencia margina, y el marginado, sufre. Y, sufriendo, debe vivir en el mundo y en la sociedad que le hace sufrir.
Pero... ¿Por qué? ¿Por qué se tiene que dar esa situación conflictiva? Por las características propias del superdotado, que básicamente son las siguientes:
§ Inteligencia. Para la mayoría de la gente, pensar se trata más bien de un esfuerzo. Pero... ¿tú no puedes evitar pensar y darte cuenta de las cosas, verdad?
§ Tesón. Para la mayoría de la gente, concentrarse en algo resulta sencillamente agotador. Pero... ¿tú no puedes evitar concentrar todas tus energías en aquello que te apasiona, verdad?
§ Creatividad. Para la mayoría de la gente, las cosas están bien así como siempre han sido. Pero... ¿tú no puedes evitar tratar de hacer algo completamente novedoso, verdad?
§ Sensibilidad. La mayoría de la gente, vive. ¿Pero tú no puedes evitar sentirte profundamente herido y conmocionado en tu delicado interior, verdad? ¿Verdad que a ti te cuesta vivir?
Estas características giran en realidad en torno a un mismo punto común: el superdotado es interiormente efervescente, bullicioso, caótico..., todo un volcán en erupción de pensamientos, ideas, proyectos, inquietudes, emociones, sensibilidades, sufrimientos... La mayoría de las personas no son así. No son ni mejores ni peores que nosotros; simplemente son diferentes. Simplemente, su ritmo interno de vida es por naturaleza más sosegado que el nuestro. Así las cosas, es normal que se acabe por denominar a nuestro modo natural de operar como "alta capacidad". Sin embargo, nosotros no podemos adaptarnos a una forma de vida y de ser que se nos antoja ralentizada, absurda, insensible..., y de ahí nuestro escaso margen de adaptación en la sociedad. Vivimos con "claustrofobia", y nuestra vitalidad se resiente. Incluso en casos extremos podemos llegar a perder las ganas de vivir.
Pero si un superdotado se caracteriza por algo, es porque se trata de alguien a quien, sin duda, no es posible clasificar.


Ramón Fernández García de Zúñiga
 http://soniahablandoenconfianza.blogspot.com.es/2011/12/somos-de-carne-y-hueso.html

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